Testiculando

Mario Romero Plascencia, http://www.sindioses.org

Tiene ya varios años que los testigos de Jehová no se paran por mi casa. He notado, incluso, asomado por la ventana, que hacen esfuerzos conscientes para evitar pararse por aquí. Tocan en la casa de al lado, no reciben contestación, y se saltan a la casa siguiente. El mismo resultado siempre.

Pero un par de almas extraviadas e ignorantes de lo que les esperaba (o demasiado confiadas en su habilidad de convencimiento) osaron tocar hoy en la mañana al timbre. En otras ocasiones me ha tocado (cuando solían visitarnos con sus extravagantes pretenciones) recibirles de distintas maneras:

  1. “¡Qué bueno que estan aquí! ¡Pasen por favor Pasen! Hace un rato que mi madre se puso a jugar con una Ouija, y tiene los ojos en blanco y vomita verde” (extraño pero conprensible mutis apresurado de las piadosas señoras).
  2. “Muy bien, pasen ustedes. ¿Quieren platicar de la Biblia? Me parece perfecto. ¿De qué Biblia quieren platicar, de la suya o de la mía?”
  3. “Qué bueno que vinieron. Llevo estudiando teología durante 10 años y no tengo a nadie con quien compartir impresiones…”
  4. (mi favorita) “¿Testigos de quién? Perdón, pero me parece que para ser testigos de algo, es necesario estar presente, y por lo que veo, ustedes no aparentan tener 6,000 años de antiguedad, quizás sólo un poco menos”.

Hoy, sin embargo, a las 9:00 aparcaron sus humanidades en la entrada un par de señoras con la omnipresente criatura a la puerta de la casa. Quizás se trata de una nueva camada de testigos de Jehová. Con la eterna sonrisa hipócrita que les caracteriza, las señoras me invitaron a que leyera la Biblia.

—Pero, ya he leído la Biblia, señoras. Desde hace muchos años.

—Le felicitamos entonces, joven. Pero ahora queremos platicar con usted de lo que entendió en la Biblia.

—Entonces, ¿no se trata de que la lea, sino que la entienda según su criterio?

—No, claro que no, porque el mensaje es el mismo para todos. Pero a veces se tienen errores porque no entienden como dios manda lo que dice la Biblia (Hago la aclaración de que cito verbalmente a las señoras, yo no suelo expresarme en esos términos tan vulgares).

—Entonces pretenden imponerme su idea de lo que dios quiere, ¿de ahí lo de Testigos de Jehová? ¿Porque le han visto y han hablado con él? ¿Podrían presentármelo?

—Dios está en todas partes joven. No necesita que se lo presentemos. Pero si ha léido la Biblia, entonces ya va en el camino correcto.

—Señora, ¿me permite una pregunta?

—Claro joven, para eso estamos.

—¿Usted era católica antes?

—Bueno, si, es la religión que nos enseñaron nuestros padres, pero ahora estoy en la religión correcta (La otra mujer insistió que era testigo de Jehová desde que había nacido)

—Bueno, me parece bien señoras. Ahora, ¿me permite una segunda pregunta?

—Usted diga joven.

—¿Qué pensará usted, cuando en el futuro, un advenedizo llegue y convenza a su hija aquí presente que su religión es la verdadera, y no la que usted le está inculcando ahora, y ella acepte y reniege de ser testigo de Jehová?

—Eso no pasará joven, porque por eso la estamos orientando en la palabra de dios, para que no acepte engaños de falsos profetas y se mantenga en su religión como debe ser.

—Ok señora, y ¿qué le hace pensar que ella no renunciará a ser testigo de Jehová? Solo estaría siguiendo el ejemplo de su madre, cuando usted misma renegó de la religión que le inculcaron sus propios padres. Después de todo, la religión católica también advierte en contra de los falsos profetas.

—Perdón joven, ya tenemos que irnos.

—¡Espere un momento! Digame usted, de esta calle, ¿cuantas puertas le abren? ¡Sea sincera!

—Pues a veces no nos abren, pero no descansaremos hasta difundir la palabra.

—Bueno señora. ¡Esta es su oportunidad! Yo le abrí la puerta. Convénzame de que lo que dice es la verdad.

Las señoras se veían un tanto desanimadas por tener que enfrentar el hecho de que no estaban tan bien preparadas para defender aquello en lo que creían y apostaban su futuro. Porque no me cabe la menor duda que creían sinceramente eso que les habían inculcado, Todo el andamiaje ideológico en que sustentaban sus creencias pendía de un hilo en llamas, pues me consta que en un momento de duda, la señora me dijo:

—Ay joven, es que ya me confundió.

—Señora, no es mi propósito confundirla más, sino que desarrolle un poco más un sentido analítico, que no acepte lo que le digan ciegamente. Que pierda el miedo a dudar sobre aquello que sus autoridades tratan de hacer pasar por verdadero, solo porque ellos lo dicen.

—Pos si joven, pero usted me dirá si no está nuestra ciudá’ muy peligrosa.

—Y no lo niego señora, pero ¿qué tiene eso que ver con lo que estamos ahora platicando?

—Pues que la falta de dios en la gente es la que propicia que el malo haga de las suyas.

—¿El malo? ¿Por qué tiene que achacar a factores externos el que exista la inseguridad en nuestra ciudad? ¿Es que acaso creer que todo lo malo que nos pasa es culpa de terceros resulta más consolador que tomar la responsabilidad por nuestra cuenta de todo lo que sucede a nuestro alrededor? ¿Por qué tiene esa necesidad de creer en un agente del mal cuando supuestamente está del lado del dios de bondad?

—No me pregunte tantas cosas joven, que solo me esta confundiendo más.

—Tiene razón señora. debí suponerlo dado que no le estoy dando recetas de como llevar a cabo su vida. Déjeme preguntarle nuevamente. ¿Por qué necesita creer en un demonio si ya tiene a “dios” de su lado?

—Porque en la Biblia dice que el hacedor de todo mal es la antigua serpiente, la que ha buscado hundir la creación de dios y perdamos la salvacion eterna.

—Señora, créame que he leido toda la Biblia, y la única referencia que existe en toda ella de alguna maldad que haya ocasionado esa “antigua serpiente” es una urticaria que provocó Satanás en Job, para averiguar si era capaz de hacerle renegar de dios. De hecho, estimada señora, las tribulaciones de Job fueron provocadas por una apuesta que hicieron entre Dios y el demonio. ¿Qué clase de dios es capaz de jugar con su creación de esa manera?

—Ay joven, ¿quienes somos para juzgar lo que Dios quiera hacer con nosotros? ¿Para eso somos su creación.

—Y de esa manera, intenta usted tapar el sol con un dedo. Si su dios es capaz de asesinar millones de personas solo porque les consideraba malos, y decide matarles a todos, como cuentan en el diluvio, sin darles una oportunidad de redención, entonces es un dios con el que francamente no quiero tener nada que ver.

—Joven, Dios no es un ser malvado. ¡Toda la Biblia canta la gloria de su bondad!

—Si, como cuando destruyó Sodoma y Gomorra, con una lluvia de azufre y fuego, solo porque se dedicaban a la promiscuidad. Y supongo, según lo que cuenta la Biblia, que hasta los bebes y los ancianos que moraban esas ciudades eran también promiscuos ¿verdad? ¿También eran malvados? ¿Hasta los niños de pecho?

—No, joven, los habitantes de esas ciudades eran solo hombres y mujeres. No había niños.

—Ya veo, señora. ¿Quiere usted decir que una ciudad con cientos de años de existencia, no había mas que hombres y mujeres malos? ¿Eran inmortales y los únicos habitantes de esas ciudades? Considerando que se dedicaban a la promiscuidad sexual, me resulta raro que no hubiera recien nacidos. No se engañe señora. Para que un grupo étnico pueda existir y no colapsar, requiere que todos sus nichos sociales estén ocupados, y para ello, era necesario que hubiera recien nacidos así como ancianos. La Biblia usted solo la entiende como quiere, y pretende no ver las atrocidades que en ella se cuentan.

—La Biblia solo dice la verdad. Si había niños, entonces eran producto del pecado, y no merecían vivir.

—Y usted graciosamente los condena, sin miramientos. Usted decidió que eran malos, y por tanto, merecían morir tan cruelmente. Señora, me alegro que no sea usted juez pues mandaría sin miramientos a cualquiera a la silla eléctrica solo porque no piensan como usted.

—Pues si estan en el camino erroneo, lo ideal sería enseñarles el camino correcto.

—Dígale eso usted a todas las víctimas de la “ira de Dios” ®.

—Pero, ¿cuales víctimas?

—¿No ha escuchado nada de lo que le he dicho, verdad? Tan solo lea la Biblia.

—Porque todos esos males son producto de esa antigua serpiente.

—Y hablando de esa antigua serpiente señora, ¿de donde sacó que esa antigua serpiente es la que provocó la caída del hombre?

—Lo dice Genesis, cuando la serpiente tentó a Eva para que consumiera el fruto, y por ese pecado ahora estamos pagando todos. Pero la salvación está en camino.

—Ah, ya veo. Y supongo que ahora el diablo se mueve arrastrándose, y comiendo polvo ¿verdad?

—No, el diablo se mueve por su propia voluntad, y no come polvo, se alimenta de las almas de los infortunados.

—Entonces ¿desobedeció a dios, cuando le condenó a arrastrarse por el resto de la existencia, y le condenó a comer polvo, no? Dios fue muy claro en ese sentido, cuando condenó a la serpiente después de hacer que Eva y Adán le desobedeciera.

—Pues si, porque el diablo siempre ha desobedecido a dios.

—Entonces Dios es impotente para hacer que el diablo se adhiera a sus órdenes.

—Dios puede hacer lo que sea. No es impotente, es omnipotente.

—Pero no logró que el diablo le obedeciera. Entonces no es omnipotente. Por otro lado, castigar a un par de personas por un pecado que no sabían que cometían también es otra crueldad.

—¿A qué se refiere con eso?

—Pues que cuando dios castigó a Adan y Eva por consumir del fruto prohibido, no sabían que pecaban.

—Usted acaba de decirlo, joven, porque el fruto era prohibido, y desobedecieron. Por eso les catigaron.

—Sí, señora, pero resulta que lo que usted no toma en cuenta, es que cuando Adan y Eva consumen del fruto del arbol del conocimiento del bien y del mal, aun no sabían diferenciar entre lo que era bueno y lo que era malo, por lo mismo, no sabían que desobedecer era pecado. Para saber la diferencia entre lo bueno y malo, tenían que conocer esas dos cosas para que me entienda. Y para conocerlas, primero tenían que consumir de ese fruto.

—Sí, joven, pero desobedecieron.

—Se lo voy a explicar de manera mas sencilla, para que entienda a lo que me refiero. Adan y eva eran ignorantes en lo que era el bien y el mal. ¿no?

—Si, porque dios los creó inocentes.

—Muy bien, ahora dígame, si no sabían distinguir entre lo que era bueno y malo, entonces ¿como iban a saber que desobedecer era malo?

—Ay joven, ya me confundió más.

—No es dificil señora. ¿Usted castigaría a dos niños de 2 años, si los deja encerrados en una habitación con un juguete, y les ordena no tocarlo?

—Pues no, porque son criaturas, aun no saben distinguir bien lo que se les dice. Además la culpa sería mía, por ponerles el juguete en primer lugar.

—Bueno es el mismo caso con Adan y Eva. Ellos eran como niños, no sabían que desobedecer era malo, pues aun no tenían el concepto de bien y mal en sus mentes inocentes. Además, ¿por qué les pone Dios en frente de “las narices”, pa que me entienda, la tentación si no sabían como defenderse de ella?

—Ya me confundió más joven.

—Pregúntele eso a sus jerarcas, a sus lideres de religión, y cuando tenga la respuesta, viene y me la cuenta. Prometo ponerle toda la atención y no interrumpirla.

Es hora que no se paran de nuevo por la casa…, me compraré un sillón cómodo para esperarlas.

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3 comentarios so far »

  1. 1

    miriam said,

    Es buena tu apreciacion yo soy catolica nunca me puse analizar estos breves pasajes de la biblia pero si es cierto que la biblia te ayuda a meditar lo que vas a ser de tu vida todo religion es buena lo que vale es el practicar y como lo vas a profesar y conllevar con tus acciones puedes creer a pesar de ser madre de familia nunca pierdo la fe de las cosas , si tu supieras las cosas que he vivido entoces comprederias que si existe un dios para cada ser.

  2. 2

    Jesús said,

    Me encanta como manejas el sarcasmo en este excelente árticulo.
    Si bien es cierto que ,os testigos son muy celosos de su fe y muy persistentes en su evangelización, su dios los va a mandar al infierno por chingones.
    Saludos.

  3. 3

    Mytho said,

    Aprecio los comentarios al respecto. Han pasado varios meses después de esa plática con las señoras, eventualmente regresaron con un anciano de apariencia patrícia para aclararme mis dudas (aunque mas bien, creo que para aclarar las dudas que mis pláticas les habían causado)

    Gracias por los comentarios.

    Mario Romero Plascencia


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